LA RED DE MENTES

“El futuro se caracteriza  por ser peligroso (…) Los grandes avances de la civilización son procesos capaces de destruir casi por completo las sociedades en los que se producen”

                                                             Alfred North Whitehead

Cuando una especie está avanzando hacia un punto de inflexión a partir del cual ya nada será como era sino que en lo esencial todo habrá cambiado para siempre, justo en los momentos previos a que esto suceda, se genera una cadena de sucesos por los que la especie queda expuesta y sufre ataques que incluso pueden acarrear su extinción. Pero salvados esos momentos de peligro extremo se avanza hacia una mejora profunda y radical en todos los aspectos de la existencia de esa especie.

Así como la caída de la hegemonía cultural de Egipto hizo emerger el esplendor de la Grecia clásica y el hundimiento de esta el surgimiento de la antigua Roma; ahora estamos viviendo ese momento de ruptura, vacío y eclosión de lo nuevo. 2020 está siendo el año del tránsito hacia un equilibrio desconocido, hacia un nuevo orden donde poco a poco iremos comprobando como las formas de pensar y sentir previas ya no funcionan, ya no generan sinergias; nos estamos acercando, deslizando por el eje del espacio tiempo hacia una nueva era en la que tanto la manera en la que amamos como en la que hacemos negocios no van a tener nada que ver a como lo veníamos haciendo desde hace décadas.

Vamos a dar un salto evolutivo del que sí hay precedentes pero que al mismo tiempo es único; es nuestro momento como especie y como sociedad de comenzar a crear realidad basándonos en otra escala de valores; el colapso devenido de una deficiente gestión del conflicto intercultural que se nos viene encima, nos pondrá contra las cuerdas y desde ahí arrancaremos construyendo nuevos modelos de convivencia donde los muros que separan unas áreas geográficas de otras, reventados por la presión migratoria y el cambio climático, darán paso a una obligada y no por ello menos lúcida, era de la inclusión y del reparto sostenible de la tierra, de la riqueza y, por lo tanto, de las oportunidades; de lo contrario una espiral de violencia y de odio irá creciendo hasta hacernos desaparecer.

El nuevo paradigma está entrando; la plasticidad de nuestros cerebros nos está permitiendo copiar una batería tras otra de estímulos, con el fin de interactuar en un mundo que ya no va a tener nada que ver con el antiguo. El doctor y científico M. Nicolelis aventuró hace años que “No es inconcebible que nuestra progenie pueda reunir las habilidades, tecnología y ética necesarias para implantar una brain-net, el medio a través del cual miles de millones de seres humanos establecerían contactos consensuados, temporales y directos entre sí exclusivamente a través del pensamiento. Ni yo ni nadie puede actualmente imaginar el aspecto o el funcionamiento de tan colosal conciencia colectiva.”

Estamos a las puertas de ver cómo la tecnología nos permite el reto de intervenir en la realidad a través del pensamiento; ya hay brazos mecánicos que se mueven por impulsos nerviosos generados por neuronas a cientos de kilómetros de distancia, decenas de experimentos lo han demostrado, los pensamientos pueden ser traducidos en todo tipo de acciones y por supuesto en todo tipo de actitudes y sentimientos. Tenemos el caso de la materia programable compuesta de cátomos, que son chips de ordenador microscópicos los cuales se pueden programar para que varíen su carga eléctrica. Si se programan las cargas eléctricas de una determinada manera, los cátomos se unen para formar por ejemplo una cámara fotográfica, entonces se pulsa un botón para cambiar su programación y se unen formando otro objeto, por ejemplo un móvil. Cuando centros de investigación como el Intel Corporation y otras universidades, como la Carnegie Mellon de Pittsburg y decenas de ellas por todo el mundo, consigan que esta programación se realice con una orden mental, entraremos en otro momento histórico como la llegada a la Luna o la creación de Internet. Con el pensamiento podremos crear objetos que se transformarán en otros con sólo desearlo. Ilustrando esta tendencia escribe el doctor en Física M. Kaku “Se está abriendo una nueva frontera que altera la propia naturaleza de lo que significa ser humano. Usando los últimos avances en genética, electromagnetismo y terapia farmacológica, en un futuro próximo quizá podamos alterar nuestros recuerdos e incluso mejorar nuestra inteligencia. La idea de descargar un recuerdo, de aprender habilidades complejas en unas horas y de volvernos superinteligentes está dejando lentamente de ser algo propio de la ciencia ficción.”

Las bases tecnológicas y éticas hace tiempo que están listas para avanzar, sólo necesitábamos ser espoleados por la incomodidad extrema a la que nos están sometiendo la cadena interminable de crisis que estamos viviendo; una tras otra nos enfrentan a la necesidad de salir del concepto primitivo que hoy en día define el estado de derecho y ampliarlo teniendo en cuenta a todas las razas y sus diferentes necesidades dependiendo del área geográfica donde  se desarrollen. La globalización como homogenización de conductas lleva fracasando desde que se inició, lo que pasa es que ahora ya lo hace de una manera dramática con guerras y desastres climáticos repartidos por toda la faz de la Tierra.

La necesidad de no desaparecer como sociedad y como especie nos hará dar el salto evolutivo que ya no puede bloquearse más. Los intereses mundiales para que todo siga igual, con absoluta indiferencia a las desigualdades aberrantes en las que hoy subsistimos, son muy poderosos, pero el cambio de ciclo y la evolución son imparables; la profunda y silenciosa transformación hace tiempo que ha comenzado y sus efectos cambiarán para siempre la escala de valores de nuestra civilización.

Esta  pandemia que estamos padeciendo no es más que un aviso de lo que se viene sino conseguimos cambiar nuestra manera de crear riqueza y bienestar; no se aguanta más que un pequeño porcentaje de la población mundial viva de explotar y mantener en permanente desequilibrio al resto. No se sostiene más que una especie viva de someter y exterminar al resto. Ya no sólo es que no tenga sentido, es que va a terminar con todos nosotros. O nos movemos hacia un modelo de inclusión y reparto de riqueza sostenible o estamos fuera para siempre y no habremos sido más que un mal sueño para Gaia.

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