“… Un espíritu se manifiesta en las leyes del universo; un espíritu infinitamente superior al del hombre y frente al cual nosotros, con nuestras modestas capacidades, debemos mostrarnos humildes»
A. Einstein
– Ya sé que no existe un solo espacio y un solo tiempo, sino que hay tantos como sujetos pueblan la Tierra pero, como yo sólo accedo al mío, lo vivo todo como una gran unidad donde sufrir o divertirse vienen a ser lo mismo, las dos caras de una misma moneda; cuando disfruto del éxito o padezco el fracaso, nunca sé en realidad la cadena de sucesos que provocarán en mi vida. En contra de toda lógica, en diferentes ocasiones, tras sentir que había sido tocado por los dioses con una inmensa fortuna, todo se iba transformando en un infierno, y en otras, sorprendentemente, lo que parecía un castigo del Hado, se convertía con el paso del tiempo en algo maravilloso.
– Es muy curioso como acontecen las cosas aquí, en este planeta – comenta Y7, que ha interrumpido a X9 aprovechando una pausa de este. La chamana se ha ido a descansar un rato con su familia y los dos viajeros vuelan libres a través de sus mentes y la materia que estas crean a cada instante. – Aquí en la Tierra, donde vivimos desde hace miles de años, todo parece una simulación; te sientes como un observador de tu propia vida, es como si todo lo que te ocurre le pasara a otro con el que te sientes muy unido pero que sin duda no eres tú.
La chamana vuelve y les ofrece un poco de caldo, X9 lo bebe sin rechistar, mostrando obediencia a la maestra de ceremonias, tripulante del barco que les debe llevar, sanos y salvos, a la otra orilla, a la tierra prometida donde los traumas y las heridas profundas se convierten en bosques de robles con islas paradisiacas de viñedos interminables y olivares envueltos en la geometría del agua y de la tierra labrada con precisión.
Y7, sin embargo, rechaza el caldo, no quiere mitigar el fuego de su viaje por el desierto de hiel y sarmiento que su misión le impone – Deambulo por las calles polvorientas de una vieja Europa; –comienza a relatar Y7, sujetando la mano a la chamana, pidiéndole con la mirada que se quede junto a él – el continente donde se ha ido disolviendo y evaporando el conocimiento hasta ser conscientes de que, a cada término psicológico en inglés le corresponden cuatro en griego y cuarenta en sánscrito; una lenta hemorragia de ignorancia que empapa los cerebros mejor dotados de la fértil Europa, convertida ahora en una fortaleza donde se concentran, intramuros, todas las pasiones y deseos que deberían estar galopando libres por el mundo, en lugar de estar matando a todos aquellos que sueñan con atravesar sus murallas y beber del elixir centenario de sus bellas leyes de igualdad y fraternidad.
La chamana enciende un fuego generoso entre los dos viajeros para calentar sus cuerpos tensionados. La batalla no cesa; sus mapas mentales están en guerra contra todo equilibrio no reconocido como hijo directo de su experiencia personal; están atrapados en el miedo al yo desconocido que habita en su interior.
El fuego ilumina la estancia, un granero inmenso con dos camas, dos espejos suspendidos sobre ellas, dos lavamanos y dos letrinas. El baile de las llamas perfila las miradas de los dos aventureros; recorren países con fronteras habitados por la razón, y fronteras sin países habitadas por el inconsciente, el fluir denso e hipnótico del magma que emerge de lo más profundo del Ser. Viajan asumiendo la posibilidad de que quizá ya no puedan volver a ninguna parte; pues su cuerpo, vaciado de consciencia e invadido por el sueño profundo, puede ser devorado por los animales del bosque. ¿Cómo podrían volver a habitar un cuerpo que ha servido de alimento a otras criaturas?
X9 pide a la chamana que se acerque, quiere hacer el amor con ella; esta le indica que vuelva sobre sí mismo y que no se pierda en el exterior, generador del deseo insaciable que le condena a vivir en la eterna carencia. La chamana junta su frente con la suya y le inyecta una dosis de la naturaleza que se encuentra en todas las criaturas sin limitarse a ellas, ya que es ajena a todos los seres vivos y, sin embargo, no se halla al margen de ellos. Separa su frente del viajero, enciende una vela, fija su mirada en la llama y se abisma en su interior para dar mayor altura al vuelo de los dos emisarios del no tiempo, a quienes ayuda a pilotar la nave con la que surcan el proceloso océano del yo soy.
X9 vuelve al laberinto de su mente durante unos minutos, se sienta junto a la chamana y comienza a susurrar la tabla de multiplicar del cero. Y7 les observa tumbado desde su cama, aparentemente en paz, pero hace un rato largo que ya no siente la mente dentro de su cabeza, sino por todas partes, en todo su cuerpo y fuera de él; siente un profundo vértigo que se va calmando al notar la mirada de la chamana fija en él.
X9 deja de multiplicar de manera compulsiva los nueve números por cero, se tumba en la cama y siente como conecta con el inconsciente colectivo, tiene acceso ilimitado a todo el saber de la humanidad, una sensación tan abrumadora que le sobrecoge. La chamana acerca la boca a su oído izquierdo y le susurra, con la mirada clavada en las pupilas de Y7, – la conjunción de ciencia y espíritu es crucial, no sólo porque aporta un conocimiento del cosmos más preciso, sino también porque garantiza el futuro de nuestra especie. – La chamana se levanta y continúa hablando mientras pasea por el granero, repleto de sombras rotas por las lenguas de fuego de la hoguera, –Ahora necesitáis una concepción del mundo que de validez a la búsqueda de vuestro ser, puesto que la aridez espiritual en la que vivís, es lo que subyace en todas vuestras crisis.
La gran hoguera divide y une a los viajeros y a su guía en esa realidad compartida a la que se llega sólo después de haber sido deshabitado por completo, de haber vivido la muerte en vida, de haber sentido la separación definitiva con el centro, con la razón de existir. Tras esto, como un guerrero curtido en mil combates que se ha quedado sin amo al que servir, se deambula, por las ruinas de lo que fuera un floreciente imperio, esperando tan sólo el paso de las horas para que, lo antes posible, llegue la liberadora guadaña a decapitar tamaña falta de razón de ser y de existir.
La chamana se tumba junto a X9 en la cama y lo observa reflejado en el espejo que cuelga sobre ellos – Siento tu mirada pero no consigo ver tus ojos, – susurra X9 – noto el calor de tu cuerpo junto al mío pero sé que no estás junto a mí. – La chamana, consciente de que ya han transcendido sus cuerpos, se ha desnudado y los va preparando para el momento de renacer.
Y7 se ha tumbado junto a X9 al otro lado de la cama y saluda sonriendo a su propia imagen reflejada en el espejo. La chamana se incorpora, alimenta el fuego y les entrega un cuenco con la última dosis; ambos beben y se inclinan en señal de respeto ante la chamana; la humildad comienza a empapar la conducta de los soberbios mercenarios, los cimientos sólidos de una confianza inquebrantable en sí mismos va tomando forma.
– Es imposible que nuestra especie sobreviva sin primar el desarrollo de la sabiduría pero, tampoco saldremos adelante y superaremos la muy probable extinción, si no somos capaces de descubrir el espíritu que habita en cada átomo del universo y, ser conscientes de que no está ahí para ser juzgado sino para ser vivido, experimentado sin que le impongamos los rancios límites de la razón y su viejo aliado, el reptiliano instinto de supervivencia… Pero, un momento ¿dónde está? – X9 calla y comienza a buscar a la chamana por toda la estancia, pero ella ya se ha vuelto invisible para ellos. – ¿Dónde está? – le pregunta a Y7.
– Ella se ha convertido en lo que hemos sido siempre y que no habíamos conseguido ver hasta hoy; hemos despertado, hemos renacido – Y7 contesta a X9 mientras acaricia su pelo y lo abraza tranquilizándolo. – Estoy viendo como la materia que me constituye está comenzando a conocerse a sí misma. El hombre que somos se reconoce a sí mismo de la misma manera que una estrella se reconoce a sí misma, sintiéndose parte de la misma esencia que modela y da sentido al universo de universos, donde nos hacemos conscientes de nuestra efímera existencia, que al igual que todo lo que puebla el cosmos tiene un final marcado desde su mismo nacimiento… ¡Nacemos muriendo y morimos naciendo! – grita Y7 mirándose en el espejo y saltando sobre la cama. X9 se ha sentado junto a la hoguera y acerca sus manos a las lenguas de fuego sin conseguir sentir el menor rastro de calor en los dedos. La chamana reaparece vestida con una túnica verde y le hace un gesto a Y7 indicándole que se acerque a la hoguera y se siente con ellos. Junto al fuego, los tres perciben que ahora están en el mismo plano que la naturaleza de las llamas que tienen en frente. Se miran, inclinan sus cabezas mostrándose humilde adoración entre ellos, y observan como la Tierra girando les ofrece un nuevo amanecer. La chamana se levanta y les indica que le sigan hasta unas rocas que se encuentran a la entrada del granero, les invita a sentarse y les entrega su última visión, – recordad siempre que lo inconcebible es posible; ciertamente la posibilidad del nuevo nacimiento revolucionario de la humanidad permanece como una posibilidad muy improbable, y la probabilidad continúa situándose del lado de la regresión y de la muerte. Pero si la previsión hace aparecer lo peor, la esperanza va en el sentido de lo imposible y de lo inconcebible. La creación, antes que nada, es siempre invisible, y debéis apostar siempre por lo invisible. – La chamana desaparece ante sus ojos y ellos parten en pos de sus destinos.
- Portada de la alucinante pintora Nela Prieto @prietonela5
¡Nacemos muriendo y morimos naciendo!
Brutal , como siempre!!!!!!
Un abrazo y feliz escritura!!!!!
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Gracias Pau!!!! Un abrazo enorme para el kapo de Aragón!!!!!
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