LOUIE LOUIE

La perra baja sola a la calle, ya es de noche; en ese momento, su buena amiga y vecina, Amanda, entiende que no volverá a verlo. No lo duda, llueve a cántaros pero, va a por ella. Sube al segundo piso y entra en la casa de V9; coge un saco de pienso, la correa, sus juguetes favoritos y cierra la puerta; tras de sí mueren cuatro años de amistad, de amor… V9 ha vuelto a desaparecer.

Se tumba en el sofá y, mientras acaricia el pelo mojado de L2 y da pequeños sorbos a una cerveza, escucha la versión del Louie Louie de los Kingsmen; -¡una por mi amor y una más por la carretera!… Las personas que huelen, que saben y que te hacen sentir como un diamante en bruto son inestables, van y vienen, se concentran y se expanden, para luego desaparecer- le susurra Amanda a L2.

– V9 ha pagado el alquiler de un año por adelantado- piensa Amanda mientras desenreda el pelo largo de L2; -y, de pronto, desaparece tres meses después de hacerlo; no tiene sentido – Amanda da un trago de cerveza y surfea por la jungla líquida de sus emociones; un día antes han reído, han hecho el amor, han cenado en la cocina mientras planificaban los próximos inviernos; han ido al cine del barrio a ver por enésima vez ExistenZ y, -¿qué hago ahora, cuidando a esta perra abandonada por su amo, mientras lo maldigo y lo echo de menos?- grita Amanda.

– Nunca me ocultó que deseaba volver a la carretera; creía que, cuando en el  barrio en el que vives, comienzan a saludarte por tu nombre, es hora de marcharse- piensa -No se respetaba a sí mismo, era un yonki del cambio… Pero, esta vez se había controlado.

La perra se duerme en sus brazos, Amanda enciende el último cigarro del día, se ha prometido cien veces dejar de fumar pero, ahí está con una perra entre los brazos, dando caladas densas de humo para no ahogarse en sí misma y en las ganas de atravesar el pasillo y quemar el piso de V9 con todas sus pertenencias dentro.

– No es necesario dejar las cosas tan claras – piensa – ¿Por qué estaba tan seguro de que esta vez iba a ser como siempre y se iba a tener marchar? ¿Por qué privarme de sentirme especial? No soy una vecina y amante del montón, tengo una manera diferente de vivir, de sentir y de amar; no soy una más llorando en el porche, mientras él se aleja a toda velocidad cantando su eterna canción, Louie Louie – Amanda abre una cerveza, coge una de las guitarras de V9 y toca, muy despacio, las notas de la primera canción que V9 le enseñó…  Se lo dije, – no es cierto que siempre te tengas que ir, esa es una canción que puedes modificar – pero no me hizo caso; me contestó que el destino estaba escrito y que el suyo era ser nómada, volar de pueblo en pueblo, de carmín en carmín. Yo le dije que llevaba conmigo más de cuatro años, que quizá el embrujo había prescrito; pero no, no se podía hacer nada, tenía que irse y lo hizo al final; así, de esa manera tan fea, sin avisar, sin darme tiempo para hacerme a la idea; una salvajada, muy egoísta; no sé, es como lo de la perra, dejarle bajar sola a la calle, yo la cuidaré, yo le daré una buena vida…

-Lo tuve que hacer – le susurra Amanda a L2, – se iba a marchar, lo he librado de su adicción para siempre; lo visitaremos juntas, ya no tendremos que preocuparnos por nada, nunca más nos abandonará.

  • Portada del genial Dani Santos

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