Sangre Metálica en la Bocana del Puerto

V10 camina tranquilo hacia el puerto con la serenidad de haberlo perdido todo. En la incineración de su padre recuerda la desaparición de su hijo en África diez años atrás. ¿Por qué las fechas tienen ese código macabro? Justo diez años, diciembre de 2010.

El faro de la bocana del puerto esculpe sombras de algodón y cristal en los bloques de hormigón sobre los que rompen mansamente las olas.

Al periódico no puede volver tras haber desaparecido durante dos meses sin dar señales de vida, el despido en su correo electrónico así lo confirma, de la misma manera que el incremento de su cuenta bancaria en veintisiete mil euros, producto de la indemnización; ocho años, nunca había estado tanto tiempo en la misma empresa.

Tiene unas enormes ganas de beber y de hablar con alguien que entienda y alivie su áspera sensación de mala suerte. Le gustaría trabajar en el periódico, pasear con su padre y observar a su hijo, estas tres vivencias han desaparecido para siempre.

Nota en el bolsillo las llaves del velero de V7, le cuesta encontrar el amarre pero allí está por fin, ese entrañable cascarón precioso y desconchado. Se descalza y camina por la cubierta sin miedo a deslizarse y caer por la borda. Abre la puerta con  lentitud oxidada y, ya dentro del único camarote, se deja caer sobre la cama húmeda. Quedan restos sobre la mesa de la última fiesta con V3, colillas con carmín y un montón de latas de cerveza Epidor… ¡Bingo! Hay un pack de seis en el frigorífico – Cuando vea a V7 le daré un beso con lengua por este detalle – susurra V10 mientras abre la primera lata; bebe dos más y coge fuerzas para telefonear a V3. Se marcha del país y todavía no sabe cómo decírselo, de hecho aún no sabe cómo decírselo a sí mismo. Ha comprado los billetes, ha firmado el contrato, la dirección de comunicación en una ONG en Colombia le espera. ¿Por qué tiene miedo? ¿De quién tiene miedo? No desea abandonar ni a su gente ni su vida, pero ya no disfruta con su gente ni con su vida. Debe marcharse, borrón y cuenta nueva ¿Cuántos borrones ya? Es igual, no hay límite para equivocarse y seguir creciendo… Suena el móvil, V3 le pide una cita antes de marchar. Llega pasadas las cuatro; las estrellas en el puerto bailan al ritmo de Van Gogh, remolinos amarillos vibrando en azul… V3 se descalza, camina por la cubierta, se desliza hacia el camarote y se desploma junto a él en la cama húmeda. Hacen el amor con angustia y ráfagas de pasión. Llenan de combustible el depósito y desaparecen por la bocana del puerto.

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