Filiarcado, la superación de los opuestos

 

“La distancia más corta entre dos puntos es un línea curva” 

                                                                       Michio Kaku

 

Superando el estancamiento, de varios siglos, provocado por la interminable lucha entre contrarios: liberales contra socialistas; cristianos contra musulmanes; monárquicos contra republicanos…; debemos transcender el patriarcado basado en el ataque y en la defensa y evolucionar hacia un filiarcado basado en la cooperación entre hermanos.

Las mujeres deben alcanzar la igualdad plena con el hombre, pero no podemos retroceder hacia un matriarcado en el que simplemente cambiemos de género pero sigamos anclados en el ataque y en la defensa.

Las estrategias basadas en un entorno en el que devoras o eres devorado son incompatibles con la supervivencia de la humanidad en la Tierra, como mucho nos queda medio siglo para enmendar la plana y satisfacer esa necesidad que una gran parte de la sociedad estamos sintiendo, cada vez menos como un deseo y más como un derecho, me refiero a cooperar, a desarrollar un sistema basado en el concepto de filiarcado, lo que trasciende lo masculino y lo femenino para crear algo nuevo que es más que la suma de ambos.

No se trata del superado ganar-ganar, sino de ir hacia un modelo en el que compartes el ganar-ganar pero también el perder-perder; no es real ganar siempre ni aconsejable pensar que si no lo consigues eres un fracasado; ya sea en tu trabajo, en tu relación de pareja o en tu familia; perder, a veces, es fundamental para crecer y desarrollarse; hemos basado nuestro éxito en un modelo que no se aguanta, un gigante con pies de cristal; lo hemos basado todo en la hipócrita quimera de dar lo mejor de nosotros mismos continuamente y sean cuales sean las circunstancias ¿Y lo peor de nosotros mismos quién lo gestiona, debemos esconderlo, no podemos tener un mal día y compartir también lo peor de nosotros mismos?

Quedan sectores, muy bien situados, que piensan que la batalla sigue siendo norte-sur, este-oeste… La batalla es, que se acabó la batalla, al menos desde los centros donde se diseña la estrategia global que acabará adoptando la periferia. ¿Es honesto pensar que países que siempre han estado tutelados por los miembros del G7 o del G20, de la noche a la mañana, pueden construir unas democracias relucientes donde no haya corrupción y gobiernen los mejores, habiendo sido elegidos por el pueblo, tras unas elecciones en las que todos compitieron en igualdad de condiciones? La respuesta es fácil, no.

Se debe liberar los países y culturas que se ocuparon y se manipularon pero con una estrategia basada en la evolución de esos territorios, no con una negligencia aplicada que siempre termina por provocar el colapso en la estructura política y económica de la sociedad emancipada.

Ha llegado el momento de acatar los resultados de nuestras investigaciones sociológicas y científicas en general, no podemos seguir aceptando como cierto sólo lo que nos interesa que así sea; me viene a  la memoria la historia del científico y la pulga.

Un científico amaestró una vez a una pulga para que saltara cuando él hacía sonar una campana. A continuación, utilizando un microscopio, anestesió una de las patas de la pulga e hizo sonar de nuevo la campana. La pulga siguió saltando.

Luego el científico anestesió otra pata e hizo sonar la campana. La pulga siguió saltando.

El científico fue anestesiando una pata más cada vez, luego hizo sonar la campana, y cada vez registró que la pulga saltaba.

Finalmente, cuando el científico anestesió la última pata e hizo sonar la campana, descubrió para su sorpresa que la pulga no saltaba.

Entonces el científico declaró solamente su conclusión, basada en datos científicos irrefutables: ¡Las pulgas oyen con las patas!

Las conclusiones debemos afrontarlas con honestidad y valentía, a veces tras una larga investigación quizá se deba dar la vuelta como a un guante, al sistema, pues se hace: se proyecta, se fijan objetivos, tareas, se diseñan herramientas, se asume un cronograma y se comienza la obra que nos permita salir del bucle estéril en el que nos encontramos cuando debatimos entre quiénes deben llevar el proyecto adelante en lugar de centrarnos en qué parte es en la que podemos cooperar cada uno de nosotros, por el bien propio y por la prevalencia y mejora de la especie.

¿Por qué todo lo centramos en el yo defensivo y no el yo liberado de la demostración continua? Hemos de permitir que Sísifo, por fin, consiga subir la roca y se tumbe a descansar bajo el apacible sol de primavera. Pongamos nuestra intención en el yo que improvisa e innova,  haciendo pequeñas modificaciones que van cambiando el tejido de la comunicación que mantiene con su entorno, tan necesitado de evolucionar como él: los sentidos te remiten información de un afuera que se refleja en tu interior para manifestarse.

Necesitamos, más que nunca, olvidarnos de la planificación basada en evitar el caos y centrarnos en cómo interactuar y crecer con él: ya no es una inconsolable entropía, es el orden que siempre nos ha observado desde lo invisible.

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