“La distancia más corta entre dos puntos es una línea curva”
A. Einstein
Superando el estancamiento secular, provocado por la interminable lucha entre contrarios: conservadores contra progresistas, cristianos contra musulmanes, monárquicos contra republicanos; debemos transcender el presente patriarcado basado en el ataque y en la defensa y evolucionar hacia un filiarcado basado en la cooperación entre hermanos.
Las mujeres deben alcanzar la igualdad plena con el hombre, pero no podemos retroceder hacia un matriarcado en el que simplemente cambiemos de género, pero sigamos anclados en el ataque y en la defensa.
Las estrategias basadas en un entorno en el que devoras o eres devorado son incompatibles con la supervivencia de la humanidad en la Tierra. Como mucho nos queda medio siglo para enmendar la plana y satisfacer esa necesidad, que una gran parte de la sociedad estamos sintiendo, cada vez menos como un deseo y más como un derecho. Me refiero al derecho que tenemos a la libre cooperación, al margen del interés de las élites en mantenernos divididos para podernos manipular a su antojo. Hablo del derecho a desarrollar un sistema basado en el concepto de filiarcado, lo que trasciende lo masculino y lo femenino, el ataque y la defensa, para dar paso algo nuevo que es más que la suma de ambos, que supera el bucle eterno de los conflictos, todos ellos provocados por la homicida adicción de los señores de la guerra a acumular oro y poder.
No se trata del superado ganar-ganar, sino de ir hacia un modelo en el que compartes el ganar-ganar, pero también el perder-perder. No es real ganar siempre ni aconsejable pensar que si no lo consigues eres un fracasado; ya sea en tu entorno laboral, de pareja o familiar. Perder, a veces, es fundamental para crecer y desarrollarse. Hemos basado nuestro éxito en un modelo que no se aguanta, un gigante con pies de cristal. Lo hemos basado todo en la hipócrita quimera de dar lo mejor de nosotros mismos continuamente, sean cuales sean las circunstancias. Y, ¿lo peor de nosotros mismos quién lo gestiona?, ¿debemos esconderlo?, ¿no podemos tener un mal día y compartir también lo peor de nosotros mismos?
Quedan sectores, muy bien situados, que piensan que la batalla sigue siendo norte-sur, este-oeste… La batalla debe darse para imponer el concepto de que la batalla como estabilizador mundial debe cesar de inmediato; al menos como modelo exportable, desde los centros donde se diseña la estrategia global que acabará adoptando la periferia. ¿Es honesto pensar que países que siempre han estado tutelados por los miembros del G7 o del G20, de la noche a la mañana, construyan democracias relucientes donde no haya corrupción y el gobierno sea elegido a través de elecciones libres y justas? La respuesta es sencilla, no.
Se deben liberar los países y las culturas que se ocuparon y se manipularon pero con una estrategia basada en la evolución de esos territorios, y no en la entrega sistemática de entregar el poder a los grupos mafiosos con los que la potencia colonial comerció en la sombra y que siempre termina provocando el colapso en la estructura política y económica de la sociedad emancipada, generando terrorismo de estado y enquistando conflictos que siempre benefician a los mismos, a los señores de la guerra (fabricantes de armamento a escala mundial).
Ha llegado el momento de acatar los resultados de nuestras investigaciones sociológicas y científicas. No podemos seguir aceptando como cierto sólo lo que nos interesa que así sea. Me viene a la memoria la historia del científico y la pulga. Un científico amaestró una vez a una pulga para que saltara cuando él hacía sonar una campana. A continuación, utilizando un microscopio, anestesió una de las patas de la pulga e hizo sonar de nuevo la campana. La pulga siguió saltando. Luego el científico anestesió otra pata e hizo sonar la campana. La pulga siguió saltando. El científico fue anestesiando una pata más cada vez, luego hizo sonar la campana, y cada vez registró que la pulga saltaba. Finalmente, cuando el científico anestesió la última pata e hizo sonar la campana, descubrió para su sorpresa que la pulga no saltaba. Entonces el científico declaró solamente su conclusión, basada en datos científicos irrefutables: ¡Las pulgas oyen con las patas!
Las conclusiones debemos afrontarlas con honestidad y valentía. A veces, tras una larga investigación quizá se deba dar la vuelta, por completo, al sistema instaurado durante siglos como cierto. Pues se hace, se proyecta, se fijan objetivos, tareas, se diseñan herramientas, se asume un cronograma y se comienza la obra que nos permita salir del bucle estéril en el que llevamos cientos de años anclados.
¿Por qué todo lo centramos en el yo que ataca o defiende y no el yo liberado de la demostración continua? Hemos de permitir que Sísifo consiga subir la roca y se tumbe a descansar bajo el apacible sol de primavera. Pongamos nuestra intención en el yo que improvisa e innova, provocando modificaciones el tejido de la comunicación que mantenemos con nuestro entorno, tan necesitado de evolucionar como nosotros. Los sentidos nos remiten información de un afuera que se refleja en nuestro interior para manifestarse. Necesitamos, más que nunca, olvidarnos de la planificación basada en evitar el caos, para centrarnos en otra que interactúa y crece con él. Ya no es una inconsolable entropía que se manifiesta fuera de los márgenes de nuestra comprensión, es el orden que siempre nos ha observado desde lo invisible.
* Portada de Nela Prieto