Sintiendo cada desplazamiento como un balanceo magnético que me hace sentir la masa de todo, la energía de todo.
Me siento al moverme, al rozar con las partículas subatómicas que me forman y que me rodean.
La quietud es una ilusión de ser materia, algo que da cobijo al yo aislado; al avanzar me transformo en materia real, en fuerza electromagnética de arrastre, en energía, en Dios.
Cada molécula de nuestro cuerpo vibra de una manera particular, y esa vibración viaja y se comunica con todo el universo que tenemos dentro y con todo el universo que nos rodea; somos todo.
El agua y su memoria, coherencia molecular; medio a través del cual conversan las ondas, la materia en todos sus estados, espacio de comunicación intermolecular, memoria milenaria, superconductor emocional.
El agua contándote quién eres, quién eres desde siempre y lo que serás siempre. El agua comunicándote el cambio constante, la mutación, la mejor actualización del futuro a cada paso.
El instante sin tiempo, sin espacio, sin aceleración, sin materia; sólo longitud de onda, olas de ondas, patrones de interferencia que te comunican la imagen que tienes ante cualquier espejo, mineral o de carne, sepa tu nombre o simplemente esté coincidiendo contigo un segundo dentro del campo inmutable.
Percepción. Patrones de interferencias de ondas. Conocer el mundo es literalmente estar en su longitud de onda. Sólo en nuestras pupilas existe el espacio y el tiempo, tuberías de luz por las que los fotones viajan libremente por nuestro organismo, deslizándose sobre pequeñas gotas de agua, para comunicarnos con el campo, con todo lo que está ahí fuera, rodeándonos; un afuera que también es nosotros, sintonizamos con ello, colapsamos las ondas en pensamientos, estos en emociones y estas en vida.
El orden que el observador coloca con su mente en el potencial infinito de lo cuántico nos permite saborear la certeza de poder agasajarnos con una estadística que incline lo aleatorio continuamente a nuestro favor, a una ilusión de realidad que colme nuestra necesidad de habitar una realidad compartida con el resto de los seres que pueblan el planeta.
En las tuberías de luz por las que los fotones recorren los corazones moleculares, de cada una de nuestras células, es el agua quien les recuerda que somos infinitamente más rápidos que la luz y que ya estábamos aquí mucho antes de que ella llegara. A la luz, a través del agua, le recordamos que es el mensaje y el mensajero, pero quien concibe el mensaje somos nosotros, idénticos en cada instante al ser único, al creador.
- Taquiones: partículas que viajan más rápido que la luz.