MEDITARÉ SOBRE TU TUMBA

LAS ÚLTIMAS CONSIGNAS DE UN GURÚ DURMIENDO EN UNA ESTACIÓN DE AUTOBÚS

Tienes una noche en la que aún no has entrado, llena de serpientes y manantiales donde las princesas se convierten en distopías y los hijos en sentencias a cadena perpetua sin reo al que condenar.

Tienes una docena de amaneceres rotos donde conviven las brujas que no encontraron escoba junto con los demonios que Belcebú decidió desterrar.

Tienes una docena de muertos en vena que no te dejan de subir y no permiten que otro veneno venga a fabricar las pesadillas que te permiten sobrevivir.

Tienes doscientas razones para vivir en el palacio dorado de la iluminación y una cadena al cuello que te sepulta en el manantial de la descomposición.

Hace tiempo que no comes ni bebes, pero tienes constantemente hambre y sed.

Sabes que nadie te sigue por ese camino absurdo en el que has convertido tu vida, pero vas a regresar a tu nacimiento para vivir tu muerte en primera persona.

Tienes una gran felicidad en el pecho que te permitirá ser invisible para siempre.

Cuando los perros del callejón donde llevas dando vueltas toda tu vida, se saturen de comer y se tumben a ladrar sin ganas, meditarás en el centro del lupanar y convertirás en arte la mierda fresca de las bestias.

Eres la serpiente que te hizo nacer y la ausencia de vida que te vio morir, ya no necesitas más luz, sabes fabricar vida con las tinieblas de tu corazón.

Tienes mi corazón en tu mano, nadie sangra, todos nos hemos ido a ver la película de nuestras vidas al fin del mundo.

No te habían advertido de que la iluminación duraba, en el mejor de los casos, un par de minutos, te vendo mis fondos de inversión en el Más Allá.

Ya no tienes sentido del humor, lloras en cuanto te rompen el corazón.

Tienes una delincuencia crónica que te impide ver los beneficios del funcionario con plenitud asistida; no permitas que te intimiden, ya te suicidas tú solo.

Cuando llegues al principio del fin y al conjunto roto que todos vimos de niños, sin tablas de multiplicar ni pronombres vacíos, escucharás la voz que siempre has estado buscando, estás solo, el grupo es una nefasta ilusión.

Ya no tienes nada, sólo tu consciencia y los recuerdos de todos los sabios con los que compartiste batalla y enemigo, la batalla tu vida y el enemigo tú mismo.

Liberado de todo, al fin, puedes equivocarte sin que nadie te llame estúpido, has llegado al final del camino, eres sabio, nadie te volverá a decir lo que tienes que pensar o sentir, te miras al espejo y no ves nada, ves la Nada.

  • Portada de Nela Prieto

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