Cuando siempre será nunca

Cuando la muerte te golpea de lleno, tu mente racional comienza a sentir, tu mente emocional a razonar y tu mente motriz, la instintiva, razona emocionada; es decir, caos, desorden, desequilibrio absoluto, fundido a negro… Pasan unas horas, unos días, unas semanas, y simplemente, nada mejora, sigues razonando emociones y emocionándote con la razón. Como los autómatas que creaba Sebastian en Blade Runner, te golpeas contra las paredes, giras en las esquinas antes de tiempo y deambulas en sentido contrario al equilibrio y al bienestar.

Comienzas a buscar sentido a lo que te está pasando, debes entenderlo para poder crecer o, al menos, salir de la ciénaga de tristeza en la que estás hundido hasta el cuello. Puedes “no suministrar más alimento a la fantasía que galopa en tu mente, y así dejar morir de hambre a tu ego” (Chögyam Trungpa); con el objetivo de que baje el nivel de sufrimiento, pero no funciona, necesitas recordar a la persona que se acaba de marchar para siempre. Revisitar lo vivido e imaginar situaciones con ella como si estuviera viva. Una espiral de ansiedad se filtra desde los recuerdos hasta el presente, empapando todo lo que sientes de dolor y tristeza.

En busca de ir volviendo al equilibrio, aceptas tu ignorancia, no has aprendido a lidiar con la muerte. “En la totalidad básica de tu ignorancia, tienes tendencia a desconfiar de la energía. Esa desconfianza de la energía es también una tendencia a desconfiar de tu separación y a desconfiar de la totalidad original, en el dharmadhatu (la esfera o espacio del dharma, espacio que lo abarca todo, la totalidad incondicionada, no originada e inmutable en la que todos los fenómenos surgen, habitan y desaparecen)” (C. Trungpa).

El ser humano que ha desaparecido de tu vida, generando un vacío infinito, ahora está fundido con el todo, pero ya no puedes volver a tomarte nada con ella, ya no puedes hablarle más, ya nunca más oirás su voz, ni te reflejarás en su mirada.

Tu territorio ha sido devastado, ahora estás solo, te sientes solo, entras en un período de prueba que nunca termina, todo el tiempo probando o evaluando la relación con lo que te rodea, para desarrollar mecanismos automáticos que te defiendan, preserven y te ayuden a luchar contra lo que te amenaza.

Pero ya es tarde, la muerte ya se la llevó, y ahora qué. Ahora es el momento de vivir con una mente que no es sólida, sino que está dividida en diferentes mentes que confirman su existencia a través de los sentidos, sientes tu respiración, hueles algo que evoca en ti un recuerdo, tocas una piel, pequeños destellos de información de los sentidos que hacen que sientas que existes, no en la sólida continuidad, sino en una aterradora, acogedora y deslumbrante impermanencia.

Pasa el tiempo y tus mentes comienzan a realizar su trabajo, tu mente racional elabora estrategias de crecimiento personal, tu mente emocional te aparta de lo desagradable y te acerca a lo que te hace sentirte bien y tu mente instintiva controla tu respiración. Todo fluye de nuevo, el río de la vida no para por nada ni por nadie… Nos vemos en la catarata, en el abismo, en la disolución.

  • Obra de Carles Pila @pilapalau

4 Comentarios

  1. Precioso, a medida que iba leyendo más hacia que yo misma reflexionara sobre mis perdidas, esas que nunca se superan y siempre te Dan el pellizquito en el corazón, has hecho que me emocione. Eres el mejor, cada publicación que haces, es una invitación a pensar. Me encanta!!

    Me gusta

    1. Muchas gracias Pastu, es un lujo que una persona como tú, me diga esto. Por lectoras como tú, merece la pena escribir. Un abrazo enorme!!

      Me gusta

Deja un comentario