Las trampas de la memoria

Cuando intentas saber quién eres, con el objetivo de dejar de tener miedo, ataques de ansiedad, inseguridad, falta de confianza en los demás, en ti mismo y en el sistema; te encuentras con una cadena infinita de “yoes” que desfilan ante tus ojos sin conseguir identificarte plenamente con ninguno de ellos.

Has cometido actos que hasta te cuesta mirar en tus recuerdos y otros con los que te enorgulleces y te sientes bien, proyectándote las imágenes de lo ocurrido una y otra vez; esas dos partes de ti, esos dos yoes son tú, no puedes elegir entre uno y otro. Si ahora mismo te detienes un minuto, entre la reunión por teams, los pañales humeantes y la súper clase del gym, y te preguntas, ¿quién soy yo?, verás pasar por tu mente una cascada de imágenes, de definiciones, de sensaciones planas que llegan, permanecen unos segundos y se van. Esos somos, pura impermanencia. Pero esto no viene nada bien para el sosiego, quieres paz y seguridad, y te encuentras con una legión de héroes, villanos, tarados y guías espirituales que habitan todos juntos y al mismo tiempo en ti.

En esta búsqueda incesante de plenitud sin efectos secundarios, (ya no estas para LSD, peyote o ayahuasca), encuentras la meditación como un gran recurso. Te sientas en silencio o con una música hipnótica, el sitar de Pandit Nikhil Banerjee viene de lujo, con la espalda muy recta, cierras los ojos, te centras en una vipassana básica, observas tu respiración sin interferir en ella, y de pronto un torrente de pensamientos, recuerdos, imágenes, culpas, tareas sin hacer, promesas, traiciones, decepciones, momentos gloriosos, proyectos, cuentas del banco, la lista de la compra… Locura total, tomas de nuevo el control y ordenas a tu mente que abandone el parloteo y vuelva a centrarse en la respiración. Durante unos minutos ves la superficie del lago clara y puedes ver en la profundidad la eterna presencia de tu ser, que será borrada en segundos por otra cascada de pensamientos, conversaciones con nuestra pareja, la familia, el jefe, la dependienta de la tienda de té…

Llegados a este punto la burocracia y la biología vienen a salvarte y se afanan en poner orden donde no lo hay; la biología lo sabe, la burocracia no, y te ahoga con su imperturbable cascada de documentos que dan acceso a otros documentos… El Estado sabe cada vez más de ti y, en una perfecta involución, tú sabes cada vez menos del Estado.

¿Cuando tiras de la cadena del váter, a dónde van a parar los residuos?, de no gestionarse serían un problema horrible para la sociedad, incluso mortal, pero la burocracia hace que se reciclen o desaparezcan con seguridad. Y al mismo tiempo favorece que cualquier gobierno te manipule y juegue al solitario con tu vida.

La biología hace algo muy parecido, intenta ordenar con leyes algo que la desborda, la naturaleza, el organismo y la vida en general. Crea leyes que te hacen sentir a salvo, al tiempo que colabora en diseños de fármacos que te conducen al abismo.

El yo que buscas en tu interior o en tu exterior, (mente extendida), ¿es una masa mutante de átomos o de bits? El maestro Harari nos ilustra al respecto: “En 2024, el metaverso parece una quimera pretenciosa, pero dentro de un par de décadas miles de millones de personas podrían migrar para vivir gran parte de su vida en una realidad virtual aumentada y desarrollar allí un buen número de actividades sociales y profesionales. La gente podría llegar a construir relaciones, unirse a movimientos, tener empleos y experimentar altibajos emocionales en ambientes compuestos de bits y no de átomos. Quizás sólo en un desierto remoto habitado por animales y mendigos puedan encontrarse fragmentos despedazados de la antigua realidad.” (Y.N. Harari, 2024).

La antigua realidad, esto me recuerda a una pregunta que me hago constantemente y no consigo responderme, ¿quién era o qué era yo antes de nacer? Siento que si logro recordarlo tendré por fin la paz añorada, el caos que no amenaza y la entropía como un proyecto viable de nuevo orden. “Pasamos de la conciencia ordinaria a los estados místicos como de lo menor a lo mayor, de una pequeñez a una bastedad y, al mismo tiempo, de la agitación al descanso. Los sentimos como estados reconciliadores, unificadores. Atraen más la función de “si” que la función de “no” en nosotros. En ellos lo ilimitado absorbe a lo limitado, y cancela pacíficamente la cuenta.” (W. James, 1902).

  • Obra de Carles Pila @pilapalau

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